Si es gratis, cueste lo que cueste
Cuando yo intenté comprar mi primera casa, a mediados de los ochenta, el crédito hipotecario estaba en el 17%, y tan sólo la perversión del lenguaje conseguía convertir aquella inmoralidad en una transacción, porque más que crédito era simple usura. El paro superaba la barrera psicológica del 20%, y mirábamos con envidia a otras economías pujantes que habían alcanzado el pleno empleo, como la japonesa. Pero nadie hablaba de crisis, a pesar de que nuestra estructura económica era casi tercermundista.
Lo publicó Thenine el 2/6/2008, en Enlaces, (View)
